domingo, 19 de agosto de 2007
Sueño húmedo
Es la primera vez que sueño con tu cuerpo arriba del mío. Antes te me habías aparecido contenedor, amigo, insinuante, protector. Nunca fraternal. Pero anoche sentí el peso, las ganas de tus manos que me buscaban y casi (casi) el roce de tus labios en mi boca. Se me hace imposible soñar con un beso que nunca hubo. Aunque estaba la desnudez y trepaba por las piernas, el filo de los dientes recorriendo muslos, la punta de la lengua llevando humedad al calor, mientras una mano extasiada enredaba dedos en el pelo, guiaba entre gemidos, la ropa era arrancada o simplemente se caía, parece que el beso, el beso profundo, íntegro, se niega a existir en una dimensión que no es compartida. Así y todo, estaba la risa, el empujarnos contra las superficies, el apretar cuerpo contra cuerpo, contra la pared, contra la mesa, contra el piso. Sucedió mágicamente, de manera insólita: de pronto solos en un lugar y de pronto todo eso, impelidos sin transición, los ojos brillantes, como imanes. No sé cuánto tiempo nos gozamos, pero después estaba el sol en mi ventana y en mi pijama de algodón y la mañana era hermosa. Me levanté alegre sin saber por qué, hasta que tu voz me recordó todo. Volví a vibrar, mientras se me hacía presente que habías estado en mi noche.
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