lunes, 11 de marzo de 2013
Retorno
Ayer, cuando esperarlo era sólo un hábito sin fe, sorprendió mi noche, y con pícara dulzura la transformó en vigilia. Las agotadas reservas de mi alma callaron al cruzar audaz el umbral hacia su compañía en la mañana. Acercamientos y sonrisas casi olvidados renacieron entre los dos. Fuimos suaves, sutiles, y casuales. Un recuerdo gracioso e incómodo se fue diluyendo a medida que el sol se acercaba al mediodía y el presente nos tentaba con la intimidad. En el hasta luego bebí un poco de su piel, palpité en su abrazo, respiré sus besos y nos prometimos más. Su perfume quedó horas enredado en mi cara.
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