Dos lagunas de miel fresca me bañan en admiración y encanto. Son tan jóvenes que tardo en darme cuenta de lo que se desprende de esos gestos. Temerariamente acepto esa mirada y ante ojos asombrados y palabras de escándalo te consiento en mi alma. Conmovida por tu cuerpo, indago tu espíritu y descubro incrédula que amo cada detalle nuevo que nace de vos. En una vorágine fuera de control la emoción madura más rápidamente que las circunstancias. Debo esperar a que envejezcas, y cuando ya no sea pecado, entonces te levantaré con besos una estatua , voy a atrapar tu boca frutal, a saborear tus músculos y me treparé por tu cuerpo. Voy a encerrarte entre mis muslos blandos y aprovecharme de tu vigor. Sonreiré y reiré ante el mundo y seré capaz del secreto que proteja de las malas lenguas y jamás, jamás contaremos nuestros besos.