jueves, 23 de agosto de 2007

entre la niebla

Existe en algún lado, tiene que existir. Confío plenamente en la sentencia bíblica que dice que Dios pensó que no es bueno que el hombre esté solo. Quiero encontrar a ese hombre para el que fui venida como compañía. Muchas veces me ha parecido vislumbrarlo entre los demás, pero tal vez por un defecto de visión mío, o porque la atmósfera provoca distorsiones me equivocaba. Desde hace un tiempo -demasiado largo se me hace- te miro a la distancia, pretendiendo encontrarnos. Y sin embargo tus ojos son esquivos, saltan sobre mi cuando deberían posarse. ¡Mirame! tengo ganas de gritar. ¡Estoy acá, preparada para todo!
¿Cuánto más tengo que esperarte?

lunes, 20 de agosto de 2007

Forma de mujer

Me levanto y me desperezo frente al espejo, alegre por el cambio. Hasta ayer, antes de tus caricias, apenas me reconocía femenina. Y quería, quería volverme apetecible, sensual, encarnar algún rasgo de voluptuosidad, pero el exterior sólo mostraba una especie de bulto seco y más o menos amorfo. Sin embargo tu mirada y la mía se encontraron y quisiste tocarme y yo estaba como loca, te llevé a mi cuarto y sonreí feliz y gemí mientras me devolvías cuello, labios, pelo, le dabas vida a mi pecho, lo diferenciabas de mi vientre al recuperar mi cintura y hacías que derrame mi cadera en tus muslos que se entrelazaban a los míos, buscaba tu roce, sorprendiendo mi cuerpo olvidado para romper su cáscara y rescatarlo de su encierro con un grito. Liberada, comencé a seguir tu ritmo, trepé sobre tu calor y conmovidos los dos continuamos esa danza hasta que ya no nos quedó ni fuerza ni sudor ni piel por entregar. Mis labios amanecieron hinchados y llenos por los besos. Los pinto para ocultar un poco esta sonrisa tan delatora de la intimidad desenfrenada de anoche. Salgo a la calle y parece que todos no miran otra cosa que mi boca. El labial no disimula nada.

domingo, 19 de agosto de 2007

Ilusión

Quedé sumida en el ensueño de tus brazos, de tu mirada tibia. La niebla de la mañana ayudaba a que la dulce sensación no se borrara con el paso de las horas. Me gustaría tenerte cerca, que mi boca pudiera alcanzarte. Respiro. Cierro los ojos. Puedo volver a sentir tu presencia. Viejas promesas adolescentes acuden a mi memoria.

Cuando todavía me creía capaz de todo te formé en mi mente: magnífico, sensual, viril. Quería que compartieras mis pasados, que acompañaras aventuras, que la curiosidad te calara hasta los huesos. Que pudieras sentir el mundo como un lugar ancho y propio. Que te maravillaras. Una puerta para ir a jugar, al misterio, a la cama, a los lugares comunes. Vos serías mi cómplice. Con vos iría de exploradora.

Sueño húmedo

Es la primera vez que sueño con tu cuerpo arriba del mío. Antes te me habías aparecido contenedor, amigo, insinuante, protector. Nunca fraternal. Pero anoche sentí el peso, las ganas de tus manos que me buscaban y casi (casi) el roce de tus labios en mi boca. Se me hace imposible soñar con un beso que nunca hubo. Aunque estaba la desnudez y trepaba por las piernas, el filo de los dientes recorriendo muslos, la punta de la lengua llevando humedad al calor, mientras una mano extasiada enredaba dedos en el pelo, guiaba entre gemidos, la ropa era arrancada o simplemente se caía, parece que el beso, el beso profundo, íntegro, se niega a existir en una dimensión que no es compartida. Así y todo, estaba la risa, el empujarnos contra las superficies, el apretar cuerpo contra cuerpo, contra la pared, contra la mesa, contra el piso. Sucedió mágicamente, de manera insólita: de pronto solos en un lugar y de pronto todo eso, impelidos sin transición, los ojos brillantes, como imanes. No sé cuánto tiempo nos gozamos, pero después estaba el sol en mi ventana y en mi pijama de algodón y la mañana era hermosa. Me levanté alegre sin saber por qué, hasta que tu voz me recordó todo. Volví a vibrar, mientras se me hacía presente que habías estado en mi noche.

Mis amantes

Mal amante 1
Pobrecito, es un cerdo, como tantos, como casi todos. Pero no tenía forma de escapar de ese destino, le haría falta una gran convicción. Ahora bien, yo me pregunto por qué reconozco esa constante. ¿Seremos tan distintos los hombres y las mujeres? Por ejemplo, el sexo fue una frustración más sumada a la gran cadena. Un verdadero desencanto. Un desencuentro, paso a explicar: salgo con un hombre, un hombre cualquiera, pongámosle X. Bueno, el caso es que X al fin me besa. Ese primer beso es definitorio, por él ya sé la clase de relación que me puede ofrecer. La visita al telo lo confirma: X pretende que sea algo parecido a una actriz porno, y yo pretendo que me trate como a una mujer. Inevitable. No hay besos, no hay convencimiento, no hay convicción. Sólo un Ego demandante de estímulos prefabricados: Gritá, tocate ahí, ahora así. No hay descubrimiento, no hay piel, sólo hay discurso. Ese es el punto en que prefiero mostrarme como una mojigata; he tenido alguna vez verdadero amor en la cama, verdadero deseo, de mí. Desprecio al instante, tomo una distancia inalcanzable, finjo. El peor daño a la situación es que yo podría dar más, muchísimo, pero no hay incentivo.

Mal amante 2
Ni siquiera me llamó. Fue fabuloso, caigo en él como siempre (nuestras recaídas tienen intervalos variables, pero siempre suceden) para confirmar que nadie lo supera. Cuando se va escucho “me gustaría que nos viéramos más seguido”. Ya pasaron casi tres semanas y ni noticias.

Buen amor
Hacía tanto tiempo que no me trataban con amor... Ráfagas de inclusión en un mundo privado, más que atisbos de intimidad. Él me tomaba en sus brazos y todo se sentía natural, adecuado. Cualquier resistencia se borró en el mismo momento de los besos, su piel me reclamaba, confortable. Resultaba tan fácil. Sin obligaciones, todo era una gentil invitación a amarlo. Eso era, quería que lo amara tanto como yo deseaba lo mismo. No hablamos más, como Francesca y Paolo dejaron de leer. Nos pegoteamos entre nuestros olores, nos besamos el sudor, construyó y derrumbó mi cuerpo y yo despojé el vigor del suyo, exhaustos dijimos palabras de cariño, nos miramos sorprendidos, nos dolieron nuestros brazos, acomodamos las almohadas, nos dormimos, nos dimos aliento matinal sin lavarnos los dientes.
Al desayuno la velocidad del día nos golpeó. Nos lamentamos brevemente (era tanta nuestra alegría). Paso los días contando los días.

El amor fuera del cuerpo
Las voces recorren todos tus músculos, todos tus órganos sensoriales. Es como una gran onda que traspasa y golpea las fibras más íntimas, los resortes ocultos que pueden provocarte placer. Pero en el fondo no te atrevés a abrir los ojos, no querés ni mirar ni oler. Y te preguntás cómo es posible que haya tanta contradicción, que la mente te haga entender unas cosas y sin embargo las feromonas se nieguen a desprenderse y emitirse entre tu cuerpo y el suyo. Te preguntás si llegará el tiempo en que eso suceda, en que irresistiblemente te veas impelida necesariamente hacia su piel, hacia su boca, hacia sus manos expertas y su lengua provocadora. Si cerrás los ojos todo funciona a la perfección y morís en sus manos, deshaciéndote, parte a parte de cada lugar que él recorre. Soñás, al mismo tiempo, que todo él viene en un envase que realmente te atrapa como un imán, pero sos una pequeñita mosca enredándose en una telaraña sutil, pese a no poder resistir ni despegarte porque sus redes son fuertes, algo instintivo grita desde el fondo velado de tu conciencia que ese no es tu lugar ni tu destino. No lo niegues, es el asunto de forma y contenido, que en este caso no encajan. Su esencia es, evidentemente, como la miel, pero su forma no llega. Pese a esto lo único que pasa por tu mente en cada momento del día son imágenes de ustedes dos pegoteados, transpirando, podés evocar con precisión erótica cómo se siente cada ademán suyo, cómo se desliza sin resistencias hasta tu intimidad más escondida, más celosamente negada antes, esos lugares que hace mucho tiempo decidiste que nadie llegaría salvo que te venciese sin que vos lo supieras, cuando ya fuera demasiado tarde. Él está ahí ahora, instalado, y lo único que hacés es desearlo.

Iniciación

A vos, que habitás en mí pero afuera de mí. Que me incitás a descubrir las palabras que todavía no me sé ni me aprendí para poder manifestar esta emoción, este cuerpo que te sueña y te bendice y te desea. A vos, que me das boca, labios, mente. Vos, anhelo constante, musa profunda del deseo.