lunes, 20 de agosto de 2007

Forma de mujer

Me levanto y me desperezo frente al espejo, alegre por el cambio. Hasta ayer, antes de tus caricias, apenas me reconocía femenina. Y quería, quería volverme apetecible, sensual, encarnar algún rasgo de voluptuosidad, pero el exterior sólo mostraba una especie de bulto seco y más o menos amorfo. Sin embargo tu mirada y la mía se encontraron y quisiste tocarme y yo estaba como loca, te llevé a mi cuarto y sonreí feliz y gemí mientras me devolvías cuello, labios, pelo, le dabas vida a mi pecho, lo diferenciabas de mi vientre al recuperar mi cintura y hacías que derrame mi cadera en tus muslos que se entrelazaban a los míos, buscaba tu roce, sorprendiendo mi cuerpo olvidado para romper su cáscara y rescatarlo de su encierro con un grito. Liberada, comencé a seguir tu ritmo, trepé sobre tu calor y conmovidos los dos continuamos esa danza hasta que ya no nos quedó ni fuerza ni sudor ni piel por entregar. Mis labios amanecieron hinchados y llenos por los besos. Los pinto para ocultar un poco esta sonrisa tan delatora de la intimidad desenfrenada de anoche. Salgo a la calle y parece que todos no miran otra cosa que mi boca. El labial no disimula nada.

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