Quedé sumida en el ensueño de tus brazos, de tu mirada tibia. La niebla de la mañana ayudaba a que la dulce sensación no se borrara con el paso de las horas. Me gustaría tenerte cerca, que mi boca pudiera alcanzarte. Respiro. Cierro los ojos. Puedo volver a sentir tu presencia. Viejas promesas adolescentes acuden a mi memoria.
Cuando todavía me creía capaz de todo te formé en mi mente: magnífico, sensual, viril. Quería que compartieras mis pasados, que acompañaras aventuras, que la curiosidad te calara hasta los huesos. Que pudieras sentir el mundo como un lugar ancho y propio. Que te maravillaras. Una puerta para ir a jugar, al misterio, a la cama, a los lugares comunes. Vos serías mi cómplice. Con vos iría de exploradora.
domingo, 19 de agosto de 2007
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario