miércoles, 7 de noviembre de 2007
Temor y temblor
Acabo de verlo y esa sola dicha me embarga. Vuelvo a casa con persistentes imágenes donde le quito la ropa, bebo su piel, jadeo su nombre. Errores pasados me impiden repetir frente a él mis sueños y encuentro en el secreto la forma de gritarle mi deseo. De mí brotan las ganas de amarlo, de llenarle los párpados de besos, de cerrar los ojos y respirar su cuerpo. Tal vez un día, sin saberlo o suponiéndome, quiera rodearme con sus brazos, fuertes, masculinos, y quitar de mi boca toda castidad. En él yo me confesaría sin reservas, le contaría de mis inocentes páginas, me unificaría en una sola revelación. Sufro con la misma intensidad la identidad y el misterio. Y temo. Por eso espero.
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2 comentarios:
Si tan solo pudiera ser
quien provoca en vos tanta pasión.
Que no daría por ser el objeto de tu busqueda, la razon de tu poesía, quien te tome de la mano para conducirte al cielo o al infierno...
Desearía que fueras mía, como desearía que fueran mías tus palabras, ser yo el destino de tu prosa, el destino de tu deseo,
tu destino.
G
Aún sin conocer tu nombre siento mi destino y el tuyo entrelazados. Cada vez que te leo, mariposas en el estómago me hablan de besos posibles, de un refugio calmado, de un muelle donde amarrar esta poesía que es mi piel cuando quiere el cuerpo. Mi mente vuela febril y con timidez me animo a la esperanza. Ahora -el día tiene sus obligaciones- debo irme, pero la noche traerá lo que el apuro me impide decir ahora.
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